Música para escuchar con otros ritmos y otras historias
Ya en la parte central de la programación, el festival ha ido reuniendo conciertos con enfoques muy distintos entre sí. Música triste para chicas lindas, de BB ASUL, llevó su formato acústico al Faro de Moncloa dentro del ciclo Encuentros con Altura, con una artista que ha colaborado con nombres como CA7RIEL, Paco Amoroso o Lali. También formó parte de ese mismo diálogo entre escenas la colaboración con Buenos Aires en Madrid, que refuerza el intercambio cultural entre ambas capitales.
La percusión improvisada de La Bomba de Tiempo tomó el auditorio del parque de Aluche con una propuesta que hace del público parte del proceso de creación. Más adelante, Vermú presentó Los Zagales en el auditorio al aire libre del parque de la Vaguada, dentro de las Fiestas del Pilar, y Fulu Miziki ofreció en Nave de Terneras una experiencia musical marcada por el afrofuturismo, el reciclaje de materiales y una energía que conecta arte, activismo y celebración colectiva.
Escena, danza y circo para seguir el recorrido
La segunda mitad del festival ha dejado espacio para formatos que cruzan disciplinas sin perder claridad escénica. El 17 de octubre, Empaque, de Chicharrón Circo Flamenco, reúne malabares y folclore andaluz en una propuesta premiada que también se podrá ver al día siguiente en otro centro cultural. Ese mismo 18 de octubre, Compromisos del no ver, la zarzuela inédita creada junto a La Soubrette, abre el telón en el Centro Cultural Paco de Lucía.
El 19 de octubre, Raquel Vega y Julián Olivares suben al Faro de Moncloa con un repertorio que une música brasileña, jazz y folclore. No es un simple concierto al uso: la armónica de Vega, una de las pocas mujeres armoniquistas de España, añade una personalidad muy marcada a una cita que dialoga con otras tradiciones sin diluirlas. ¿No es ahí donde el festival encuentra buena parte de su fuerza, en la mezcla bien entendida y en el contraste entre estilos?
Lo que queda por ver en la recta final
La programación sigue con dos citas el 23 de octubre. En el Centro Cultural Antonio Machado, Puntocero Company presenta Mahmud y no solo Mahmud, un espectáculo nominado a los Premios Talía que combina teatro, circo y música para contar la historia de Mahmud Traoré, un joven senegalés que emprende un viaje en busca de trabajo y oportunidades. Al mismo tiempo, en el Centro Cultural Valdebernardo, Mari Cruz Planchuelo interpreta NERA Viaje a Isla Madre, una pieza de títeres y teatro visual que suma danza, manipulación de marionetas y objetos para construir una narración llena de imágenes sugerentes.
El cierre llega el 24 de octubre con dos propuestas que condensan muy bien el espíritu del festival. En el Templo de Debod, Eduardo Guerrero presenta Guerrero, una creación flamenca atravesada por la memoria y la identidad. Y en Casa de Vacas, Micaela Chauque ofrece Corazón de Agua, un concierto de música folclórica donde la quena, el siku, las canciones propias y los sonidos contemporáneos se entrelazan para poner el acento en la identidad, el territorio y la memoria cultural.
Durante estas jornadas, Madrid se convierte en una ciudad de pasos cortos y miradas largas: de un centro cultural a otro, de una plaza a un auditorio, de una tradición a otra. La gracia de Multiculturas está precisamente ahí, en permitir que una misma tarde se lea como un mapa de músicas, lenguajes y procedencias que se encuentran sin pedir permiso.