Todavía queda mucho por delante en Veranos de la Villa 2026, que sigue activo hasta el 30 de agosto con una programación pensada para recorrer Madrid de norte a sur y de barrio en barrio. Después de arrancar el 7 de julio, el festival entra ahora en su tramo más interesante para quien busca planes culturales en las noches de verano: conciertos, danza, cine, circo, exposiciones y varias propuestas que mezclan memoria popular y creación contemporánea.
La edición número 42 mantiene una idea clara: convertir las tardes y las noches de julio y agosto en una red de citas repartidas por 14 distritos, con centros neurálgicos en el patio central de Conde Duque y el Claustro del Instituto San Isidro. La mezcla es amplia, pero no dispersa: hay música en distintas formas, desde el flamenco y la zarzuela hasta tributos y programas sinfónicos; también danza de gran formato, cine al aire libre, circo y dos exposiciones que apelan a públicos muy distintos, una con guiño nostálgico y otra con peso histórico y artístico.
Para quien vive en Madrid, el atractivo está en la variedad y en la cercanía. No hace falta salir de la ciudad ni planificar grandes desplazamientos para encontrar una cita con personalidad propia. Basta con revisar el programa completo en Turismo Madrid, porque el festival se mueve por espacios muy distintos y cada uno aporta un tono diferente a la experiencia.
Música para varias noches de verano
La música vuelve a ser el gran eje del festival, y no solo por la cantidad de citas, sino por la amplitud de estilos y homenajes. El arranque ya quedó marcado por el concierto LOS40 y la canción del verano, de la Villa, en Matadero Madrid, pero todavía queda un bloque muy nutrido de actuaciones que recorren géneros y generaciones. Hay tributos a James Bond, ABBA, Antonio Vega, Miles Davis, Phil Collins, Édith Piaf o Billie Holiday, una selección que permite pasar de la cultura pop al repertorio más clásico sin perder coherencia.
Entre las citas más llamativas figura el encuentro de la Banda Sinfónica Municipal de Madrid con Roko, pensado como tributo a la música de James Bond. También destaca el programa que ofrecerá la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid con repertorio de zarzuela, una de esas propuestas que conectan con el público local desde el afecto y la memoria compartida. A esto se suma la actuación de la Orquesta y Coro de RTVE, que rendirá homenaje a ABBA, una fórmula que combina repertorio popular y formato sinfónico con una naturalidad muy propia de este festival.
Junto a esas grandes formaciones aparecen nombres como Ede, Alain Pérez, Diana Navarro, Fran Doblas, Lila Downs o Vanesa Coloma, artistas que amplían el mapa sonoro de Veranos de la Villa y le dan un aire menos previsible. También hay espacio para la copla, el flamenco y los tributos más íntimos, de modo que el festival no se limita a grandes nombres, sino que construye una programación que dialoga con gustos muy distintos. ¿No es precisamente eso lo que se espera de un verano cultural en una ciudad como Madrid?
Danza y movimiento para mirar el verano de otra manera
La danza ocupa un lugar muy visible en la parte restante del programa, y lo hace con una mezcla de estreno, prestigio internacional y cruces estilísticos poco frecuentes. El plato fuerte es el estreno mundial de Concertdanza, de Joaquín De Luz, con Vasko Vassilev y los solistas del Covent Garden de Londres. La propuesta apunta a un diálogo entre técnica, musicalidad y presencia escénica que sitúa la danza en un plano de gran ambición artística.
A esa cita se suman los espectáculos de la bailarina india Malavika Sarukkai, una figura que aporta otra forma de entender el cuerpo, el ritmo y la tradición escénica. El festival también programa Taranta Gitana, con los solistas de Gipsy Kings, una combinación que se mueve entre el flamenco, la herencia gitana y una lectura contemporánea del directo. Y, completando ese bloque, aparece el London City Ballet, una compañía que refuerza el tono internacional de esta edición.
Lo interesante de esta parte del cartel es que no se limita a ofrecer piezas aisladas, sino que construye una conversación entre lenguajes. La danza aquí no funciona como un paréntesis, sino como una forma de ampliar el festival hacia territorios donde la música, la tradición y la escena se tocan continuamente. Para quien busca un plan que cambie el modo de mirar la ciudad por unas horas, esta franja del programa tiene mucho recorrido.