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Cenicienta en Madrid

13 de febrero de 2026 · Irene Vallès

Cenicienta en Madrid
Cenicienta. Foto: Stage Entertainment España – Youtube.

Hay planes que funcionan porque mezclan fantasía y verdad sin que se note la costura, y Cenicienta juega justo a eso: a que el cuento suene conocido, pero se sienta nuevo. La producción de Stage Entertainment está anunciada con funciones a la venta hasta el 3 de mayo de 2026, así que el atractivo también está en ese punto de «última oportunidad» que empuja a no dejarlo para más adelante.

La experiencia se apoya en el gran formato del musical, con canciones, un relato muy claro y una puesta en escena pensada para que la magia ocurra delante del público. Se propone como un espectáculo que cuida tanto la emoción como el humor, y que busca que quien se sienta en la butaca salga con la sensación de haber visto el clásico “como nunca”, sin perder la esencia que hace que Cenicienta atraviese generaciones.

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Una Cenicienta que toma decisiones

La historia coloca el foco en Ella, una joven obligada a servir en su propia casa, bajo la mano cruel de su madrastra Madame y la presión constante de su entorno. No está sola del todo: Gabrielle, una de las hermanastras, aparece como alguien compasiva, aunque el miedo a Madame le impide plantarle cara, y ese matiz hace que el conflicto sea más humano. Entre tanta dureza, lo que sostiene a Ella es la esperanza de una vida mejor.

El detonante llega cuando el príncipe Topher anuncia un gran baile para encontrar a su futura reina, y Ella decide que quiere estar allí, no como capricho, sino como un paso hacia su propio cambio. Con la ayuda de Marie, el hada madrina, se produce la transformación que todo el mundo espera, pero el relato no se queda en el flechazo: la nueva mirada de Ella acaba empujando a Topher a cuestionar las injusticias de su reino y a pensar en el bien común, no solo en su destino personal.

La música de Rodgers y Hammerstein: canciones que se quedan

Uno de los motivos por los que este musical deja huella es su partitura, firmada por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, dos nombres que marcaron la edad de oro del teatro musical. En esta versión se pueden escuchar temas como En mi humilde rincón, Transformaciones, Sí puede ser o Hace diez minutos, canciones que funcionan como pequeñas escenas emocionales: cuando entran, la historia se abre y el público entiende exactamente qué está en juego.

La música no está “pegada” por encima del cuento: lo cuenta, lo empuja y, a veces, lo contradice con ironía. Ese juego hace que el espectáculo pase de lo íntimo a lo festivo con naturalidad: la ilusión, el nervio del baile, la comedia de los enredos y el momento de creer que algo imposible puede ocurrir conviven sin forzar nada. Al final, lo que queda es un hilo musical reconocible que acompaña la memoria del espectáculo incluso días después.

De la televisión de 1957 a Broadway y a esta versión

La trayectoria de Cenicienta como musical es casi una historia dentro de la historia, porque nació como obra escrita para televisión y se emitió en directo en 1957, con Julie Andrews como protagonista. Con el tiempo llegaron nuevas versiones televisivas (en 1965 y 1997) y, años más tarde, el salto a Broadway con una versión renovada estrenada en 2013, con dirección de Mark Brokaw y un libreto actualizado por Douglas Carter Beane. Ese recorrido explica por qué hoy se presenta como un clásico que sabe reinventarse.

La firma de Rodgers y Hammerstein pesa, y se nota, porque su manera de encajar música y personaje es parte de lo que convirtió al dúo en referencia, con títulos emblemáticos como Oklahoma! o South Pacific y colaboraciones que también dejaron huella en obras como El rey y yo o Sonrisas y lágrimas. En paralelo, la aportación de Douglas Carter Beane empuja el cuento hacia un tono más contemporáneo: su perfil como dramaturgo y guionista —con nominaciones a los Tony, premios Drama Desk y trabajos que incluyen el libreto de Xanadu o adaptaciones como Sister Act— ayuda a que esta Cenicienta se lea como una heroína con agencia, capaz de inspirar cambios más allá del romance.

Un elenco con oficio y una dirección con sello internacional

El reparto en Madrid se sostiene en intérpretes con recorrido en teatro musical, y eso se agradece porque el género exige cantar, actuar y moverse con la misma verdad. Paule Mallagarai, que interpreta a Ella, llega con una formación que combina danza, canto y estudios de Arte Dramático, y experiencia en producciones como Mamma Mia! (como alternante de Sophie), Una rubia muy legal, Madagascar, el musical o Gerónimo Stilton. A su lado, Briel González da vida al príncipe Topher tras formarse en teatro musical y pasar por títulos como West Side Story, Chicago, Romeo y Julieta, La historia interminable o Aladdin, lo que aporta un pulso escénico muy entrenado.

También destacan perfiles que elevan el contraste entre magia y conflicto, como Mayca Teba en el papel de Marie, presentada como soprano crossover con formación en el Royal Welsh College of Music and Drama y trabajos como The Opera Locos, además de trayectoria en ópera y zarzuela. Mariola Peña encarna a Madame con un pasado especialmente ligado a la comedia musical, incluyendo interpretaciones en Mamma Mia! y Company bajo la dirección de Antonio Banderas, mientras que Eloi Gómez (Jean-Michel) aporta experiencia en musicales como El despertar de la primavera, El Petit Príncep, Golfus de Roma, Next to normal y montajes de Dagoll Dagom como Mar i Cel. En la parte creativa, la dirección y coreografía de Anthony Van Laast —con trabajos en Tina: The Tina Turner Musical, Mamma Mia! o Sister Act, además de experiencia en cine— y la supervisión musical de Xavier Torras —vinculado a títulos como Aladdín, Anastasia o TINA— completan un equipo que apunta a una ejecución muy cuidada en escena.

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