Chamberí suma estos días una de esas propuestas que convierten el verano en una buena excusa para salir con calma y mirar el teatro desde otro ángulo. El I Certamen de Teatro Clásico de Chamberí ya está en marcha y se prolonga hasta el 5 de septiembre, con cinco representaciones repartidas entre finales de julio y agosto, todas a las 22:00 horas y con una gala de clausura que pondrá el broche al programa.
La cita reúne a compañías no profesionales en torno a textos que forman parte del gran repertorio escénico y que aquí aparecen reinterpretados con vocación de diálogo con el público. Hay jurado especializado, pero también voto popular, así que la experiencia no se limita a mirar desde la butaca: quien asiste participa en la elección de la obra favorita y se integra en el pulso del certamen.
Un certamen para mirar el clásico con otros ojos
Lejos de quedarse en una sucesión de funciones, este certamen propone una lectura viva del teatro clásico. La convocatoria nace con una voluntad clara, fomentar, difundir e incentivar ese patrimonio dramatúrgico que sigue generando nuevas miradas, nuevas soluciones escénicas y nuevas formas de acercarse a la escena. Que el formato lo encabecen grupos no profesionales no reduce el interés, al contrario, lo desplaza hacia un terreno muy fértil, el de las compañías que trabajan con pasión, oficio y libertad creativa.
La selección de obras pone el foco en textos escritos antes de 1970 y en montajes que pueden ir de la fidelidad al original a la adaptación identificable, siempre dentro de unas bases que buscan claridad y rigor. Ese marco hace que el certamen tenga una personalidad propia, porque no se trata solo de representar textos conocidos, sino de comprobar cómo resisten, se transforman y se reactivan sobre un escenario actual. ¿Qué ocurre cuando un clásico entra en manos de un grupo que lo aborda desde otra escala de producción, pero con la misma ambición artística?
También hay una dimensión muy atractiva para quien sigue la programación cultural con atención: el certamen se articula como competición y como celebración. La obra ganadora no solo recibe el reconocimiento final, sino que vuelve a representarse en la gala de clausura del 5 de septiembre, de modo que el desenlace no es un simple anuncio, sino una nueva oportunidad para ver la pieza que mejor haya conectado con jurado y público.
Las obras que quedan por delante
Tras la primera función del 25 de julio, ya celebrada, la programación mantiene todavía varias noches señaladas en el calendario. El sábado 1 de agosto fue el turno de La Celestina, de Fernando de Rojas, a cargo del Grupo de Teatro Menecmos. La obra abrió agosto con uno de los grandes títulos de la literatura dramática en castellano, una pieza que sigue invitando a pensar en el deseo, la manipulación y los límites morales de los personajes que la habitan.
La siguiente cita es el 8 de agosto, con Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, en versión de la Asociación Cultural Pan Pa´Hoy. Aunque su procedencia literaria la sitúa en otro territorio, su presencia dentro del certamen amplía el campo de lectura y permite que el público se acerque a un texto de enorme peso escénico y emocional. En un programa como este, la convivencia entre distintos registros enriquece la experiencia y abre la puerta a comparaciones muy estimulantes entre estilos, épocas y formas de decir.
Más adelante, el 22 de agosto llegará El Lazarillo de Tormes, obra anónima, representada por la Asociación El Duende de Lerma. Pocas figuras han tenido tanta influencia en la tradición narrativa y teatral en castellano como el pícaro que da título a este texto, una referencia que sigue funcionando por su mirada crítica, su ironía y su capacidad para retratar la supervivencia con ingenio. Y el ciclo de funciones se cerrará el 29 de agosto con Atraco a las tres, de Pedro Masó, a cargo de Todo sobre Eva Teatro, antes de la gala final del 5 de septiembre.