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El teatro clásico toma Chamberí con cinco noches de escena y un cierre con premios

2 de agosto de 2026 · Sebas Fernández

El teatro clásico toma Chamberí con cinco noches de escena y un cierre con premios
Actores en un teatro. Foto: Depositphotos

Chamberí suma estos días una de esas propuestas que convierten el verano en una buena excusa para salir con calma y mirar el teatro desde otro ángulo. El I Certamen de Teatro Clásico de Chamberí ya está en marcha y se prolonga hasta el 5 de septiembre, con cinco representaciones repartidas entre finales de julio y agosto, todas a las 22:00 horas y con una gala de clausura que pondrá el broche al programa.

La cita reúne a compañías no profesionales en torno a textos que forman parte del gran repertorio escénico y que aquí aparecen reinterpretados con vocación de diálogo con el público. Hay jurado especializado, pero también voto popular, así que la experiencia no se limita a mirar desde la butaca: quien asiste participa en la elección de la obra favorita y se integra en el pulso del certamen.

Un certamen para mirar el clásico con otros ojos

Lejos de quedarse en una sucesión de funciones, este certamen propone una lectura viva del teatro clásico. La convocatoria nace con una voluntad clara, fomentar, difundir e incentivar ese patrimonio dramatúrgico que sigue generando nuevas miradas, nuevas soluciones escénicas y nuevas formas de acercarse a la escena. Que el formato lo encabecen grupos no profesionales no reduce el interés, al contrario, lo desplaza hacia un terreno muy fértil, el de las compañías que trabajan con pasión, oficio y libertad creativa.

La selección de obras pone el foco en textos escritos antes de 1970 y en montajes que pueden ir de la fidelidad al original a la adaptación identificable, siempre dentro de unas bases que buscan claridad y rigor. Ese marco hace que el certamen tenga una personalidad propia, porque no se trata solo de representar textos conocidos, sino de comprobar cómo resisten, se transforman y se reactivan sobre un escenario actual. ¿Qué ocurre cuando un clásico entra en manos de un grupo que lo aborda desde otra escala de producción, pero con la misma ambición artística?

También hay una dimensión muy atractiva para quien sigue la programación cultural con atención: el certamen se articula como competición y como celebración. La obra ganadora no solo recibe el reconocimiento final, sino que vuelve a representarse en la gala de clausura del 5 de septiembre, de modo que el desenlace no es un simple anuncio, sino una nueva oportunidad para ver la pieza que mejor haya conectado con jurado y público.

Las obras que quedan por delante

Tras la primera función del 25 de julio, ya celebrada, la programación mantiene todavía varias noches señaladas en el calendario. El sábado 1 de agosto fue el turno de La Celestina, de Fernando de Rojas, a cargo del Grupo de Teatro Menecmos. La obra abrió agosto con uno de los grandes títulos de la literatura dramática en castellano, una pieza que sigue invitando a pensar en el deseo, la manipulación y los límites morales de los personajes que la habitan.

La siguiente cita es el 8 de agosto, con Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, en versión de la Asociación Cultural Pan Pa´Hoy. Aunque su procedencia literaria la sitúa en otro territorio, su presencia dentro del certamen amplía el campo de lectura y permite que el público se acerque a un texto de enorme peso escénico y emocional. En un programa como este, la convivencia entre distintos registros enriquece la experiencia y abre la puerta a comparaciones muy estimulantes entre estilos, épocas y formas de decir.

Más adelante, el 22 de agosto llegará El Lazarillo de Tormes, obra anónima, representada por la Asociación El Duende de Lerma. Pocas figuras han tenido tanta influencia en la tradición narrativa y teatral en castellano como el pícaro que da título a este texto, una referencia que sigue funcionando por su mirada crítica, su ironía y su capacidad para retratar la supervivencia con ingenio. Y el ciclo de funciones se cerrará el 29 de agosto con Atraco a las tres, de Pedro Masó, a cargo de Todo sobre Eva Teatro, antes de la gala final del 5 de septiembre.

Un jurado experto y un público con voz propia

Uno de los rasgos más interesantes del certamen es que no deja la valoración únicamente en manos de especialistas. El jurado especializado tiene la tarea de evaluar las propuestas y escoger la mejor obra, pero el público también participa mediante su voto popular. Esa combinación cambia la manera de seguir cada función, porque la asistencia deja de ser pasiva y se convierte en parte del proceso de reconocimiento.

Esa doble mirada suele dar lugar a lecturas distintas y, precisamente por eso, al certamen le sienta bien. El jurado puede atender con detalle a la propuesta dramática, la dirección o la coherencia escénica, mientras que el público responde desde la conexión inmediata con lo que ve sobre el escenario. ¿No es ahí donde el teatro muestra una de sus mejores caras, cuando junta criterio técnico y reacción compartida en la misma sala?

La gala de clausura del 5 de septiembre añade un último gesto de continuidad. No se limita a cerrar el programa con una entrega de premios, sino que incorpora de nuevo la obra ganadora a escena. Ese cierre prolonga el certamen más allá de la competición y le da una forma redonda, porque la pieza reconocida no se queda en el anuncio, sino que vuelve a enfrentarse al público en el momento de la celebración final.

Que cada compañía encuentre su propio pulso

El listado de grupos participantes ofrece una imagen clara de la diversidad que sostiene este certamen. Asociació Cultural de Teatro Al Alba, Grupo de Teatro Menecmos, Asociación Cultural Pan Pa´Hoy, Asociación El Duende de Lerma y Todo sobre Eva Teatro son los nombres que dan forma a esta primera edición, cada uno con su modo de abordar el escenario y su forma de entender el clásico. La variedad no solo está en los títulos elegidos, también en la manera en que cada compañía se acerca al texto.

El hecho de que se trate de grupos no profesionales no reduce el interés artístico de las funciones. Al contrario, coloca el foco en la dedicación, la construcción colectiva y la energía de proyectos que se sostienen por vocación escénica. En un certamen así, el atractivo no nace de la grandilocuencia, sino de la posibilidad de ver cómo conviven distintas sensibilidades en torno a obras que soportan lecturas muy distintas sin perder su fuerza.

Además, las bases dejan claro que el certamen está pensado para obras en castellano y que las representaciones se desarrollan en horario nocturno, en torno a las 22:00 horas. Ese marco favorece una atmósfera muy concreta, la de una programación de verano que invita a reservar la noche para una función que combina competitividad, repertorio clásico y participación ciudadana. Todo ello convierte cada cita en una ocasión para observar cómo se reescribe el canon desde la práctica de los grupos participantes.

Lo que aporta una noche de teatro clásico en agosto

En pleno verano, el teatro clásico gana una presencia especial porque obliga a bajar el ritmo y escuchar con atención. En lugar de una oferta dispersa, aquí hay una secuencia clara de funciones que permite seguir el certamen casi como una pequeña temporada concentrada. Esa continuidad ayuda a construir conversación entre una obra y la siguiente, entre un texto y el siguiente, entre una respuesta del público y la que vendrá después.

También resulta sugerente la mezcla de títulos que forman el programa. Junto a nombres canónicos como La Celestina o El Lazarillo de Tormes, aparecen textos que amplían el marco del certamen y permiten que el espectador se acerque a distintas tradiciones de la escena y de la literatura en castellano. Esa convivencia hace que el conjunto no se lea como una simple sucesión de montajes, sino como una pequeña cartografía de maneras de entender la representación.

Por otra parte, el certamen pone en valor algo que a menudo queda en segundo plano cuando se habla de programación cultural: la continuidad del trabajo amateur bien hecho. Detrás de cada función hay ensayo, elección de texto, construcción de equipo y una relación muy directa con el escenario. Esa dimensión se percibe mejor cuando el público no solo asiste, sino que también vota y participa en el desenlace del proceso.

La gala final y el eco que deja el certamen

Llegado el 5 de septiembre, la programación se concentra en la gala de clausura, que incluye la entrega de premios y la representación de la obra ganadora. Ese cierre le da al certamen un remate claro y evita que la última palabra sea solo administrativa. La escena vuelve a ocupar el centro y el reconocimiento se materializa en una nueva función, algo que prolonga el sentido del premio más allá del anuncio oficial.

A partir de ahí, lo que queda es el eco de varias noches en las que Chamberí ha servido de marco para un diálogo entre textos, compañías y espectadores. El I Certamen de Teatro Clásico de Chamberí se presenta así como una primera edición con identidad propia, apoyada en la fuerza del repertorio y en la implicación de quienes lo representan y lo siguen. En un calendario cultural de verano, pocas fórmulas resultan tan directas para medir la vigencia del clásico como esta combinación de concurso, escena y mirada compartida.

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