Thomas Houseago. Esculturas abre una puerta poco habitual en la programación cultural madrileña: la posibilidad de ver, por primera vez en España, el trabajo de uno de los escultores contemporáneos más reconocidos de su generación. La exposición llega al jardín de Banca March con siete obras monumentales distribuidas entre el 1 de mayo y el 26 de septiembre de 2026, una franja temporal que permite volver sobre las piezas con calma y observar cómo cambian su presencia y su lectura con la luz, el tiempo y el recorrido del visitante.

Firmada por Thomas Houseago, nacido en Leeds en 1972 y residente en Los Ángeles desde 2004, la muestra reúne un conjunto representativo de más de tres décadas de trayectoria. La propuesta ha sido organizada en colaboración con Vande y comisariada por Anne Pontégnie, dos nombres que ayudan a situar el proyecto dentro de una mirada precisa sobre la escultura contemporánea. Aquí no se trata solo de contemplar obras aisladas, sino de entrar en contacto con un lenguaje que combina tradición, materialidad y una lectura muy actual del cuerpo humano.

La figura humana como centro del discurso

Desde sus inicios, la figura humana ha sido el eje alrededor del cual gira la obra de Houseago. Su interés no se limita a reproducir cuerpos reconocibles ni a perseguir una belleza idealizada; lo que le importa es llevar esa figura al terreno de lo fragmentario, lo tenso y lo vulnerable. Por eso sus esculturas se sienten cercanas a la tradición clásica y, al mismo tiempo, radicalmente contemporáneas. Miran hacia la Antigüedad sin quedarse atrapadas en ella.

En esa tensión está buena parte del atractivo de esta exposición. Houseago trabaja desde una idea clara: dotar a un material inerte de pensamiento y energía para darle verdad y forma. Esa ambición atraviesa toda su producción y explica por qué sus obras conservan huellas visibles del proceso, como si el gesto del artista siguiera latiendo dentro del resultado final. ¿Qué ocurre cuando una escultura parece hecha para resistir y para quebrarse al mismo tiempo? En estas piezas, precisamente eso se convierte en lenguaje.

Materiales tradicionales, gesto visible y fuerza contenida

El recorrido expositivo permite acercarse a uno de los rasgos más reconocibles del trabajo del artista: el uso expresivo de materiales tradicionales como yeso, madera o bronce, combinados en ocasiones con elementos industriales como varillas de hierro y cáñamo. La mezcla no responde a un capricho formal. Funciona como puente entre tiempos distintos y también entre formas distintas de entender la escultura. Lo ancestral convive con lo contemporáneo sin jerarquías rígidas.

A ello se suma otro aspecto decisivo: la visibilidad del proceso. Houseago modela directamente con las manos o con herramientas sencillas y deja expuestas las uniones, las tensiones y las marcas del trabajo manual. No oculta el esfuerzo ni pule hasta borrar toda huella. Al contrario, hace que ese proceso forme parte inseparable del sentido final. Por eso sus esculturas transmiten una extraña mezcla de solidez e inestabilidad; parecen construidas desde una energía contenida que no termina nunca de apagarse.