Festival Internacional de Magia de Madrid: Jorge Blass convierte el Circo Price en la capital del asombro

Festival Internacional de Magia de Madrid: Jorge Blass convierte el Circo Price en la capital del asombro

El Teatro Circo Price de Madrid vuelve a vestirse de ilusión con el Festival Internacional de Magia dirigido por Jorge Blass, en una edición que se podrá disfrutar hasta el 15 de marzo de 2026. Durante semanas, la ciudad entra en “modo imposible”: planes en familia, citas de pareja, grupos de amigos y curiosos que se acercan a dejarse sorprender por artistas llegados de distintos lugares del mundo.

Más que una sucesión de trucos, el festival funciona como un punto de encuentro: para públicos que van por primera vez y para aficionados que quieren ver de cerca a figuras que marcan tendencia. Esa mezcla de celebración popular y ambición artística es parte de su sello: espectáculo para todos, pero con una cuidada selección de nombres y estilos.

El origen de una cita que ya es tradición en Madrid

Aunque la magia siempre ha tenido su público, este festival nació con la idea de darle un gran escenario estable en la ciudad y convertirlo en un acontecimiento anual. Con el paso de las ediciones, la propuesta ha ido creciendo hasta consolidarse como una de las citas más reconocibles del invierno cultural madrileño, con el Circo Price como casa natural de la sorpresa.

La dirección de Jorge Blass ha sido clave en esa identidad: su mirada combina respeto por la tradición del ilusionismo con ganas de ampliar fronteras y atraer públicos distintos. Por eso el festival no se limita a una sola forma de magia: se plantea como un escaparate amplio, donde cada espectador puede encontrar su “tipo” de asombro.

Jorge Blass: biografía breve del director que popularizó la magia en España

Jorge Blass (Madrid, 1980) empezó muy joven: la magia le atrapó de niño y pronto se formó en el entorno de escuelas y círculos especializados, destacando por su disciplina y por una creatividad que lo llevó a actuar y competir a edad temprana. A partir de ahí, su carrera se fue construyendo a base de escenarios, reconocimientos y una clara vocación por convertir la ilusión en un espectáculo contemporáneo.

Además de su trabajo en directo, Blass se convirtió en un rostro habitual para el gran público gracias a proyectos televisivos y producciones propias, combinando entretenimiento y divulgación del arte mágico. Esa experiencia —el directo y la pantalla— explica bien su papel como director: entiende el ritmo, la emoción y la importancia de que cada número cuente “algo” más allá del impacto.

Los invitados más destacados: un cartel internacional con estilos muy distintos

Entre los nombres más llamativos de esta edición sobresalen figuras con perfiles muy diferentes, lo que garantiza variedad y contraste. En la gala principal se reúnen artistas como Francesco Della Bona, Calista Sinclair, Celia Muñoz, Aaron Crow y Han Manho, además del propio Jorge Blass, construyendo un reparto que combina carisma, sorpresa y una manera muy personal de entender la magia.

El festival también abre el foco más allá de la gran gala y pone el acento en invitados que conectan con públicos concretos: desde especialistas muy queridos por aficionados a la cartomagia hasta voces clave del mentalismo. Esa combinación es parte del atractivo: ver en un mismo festival propuestas que emocionan, divierten o dejan al público con la agradable sensación de “no puede ser… y aun así ha pasado”.

Mucho más que un espectáculo: cultura, diálogo y una ciudad mirando al escenario

El Festival Internacional de Magia no se vive solo como una función, sino como un ambiente. Madrid se llena de conversación: recomendaciones, vídeos compartidos, familias que repiten, gente que vuelve con otra compañía para ver cómo reacciona. La magia, en ese sentido, se convierte en un lenguaje social: une generaciones y rompe el hielo incluso entre desconocidos.

Y hay otro valor añadido: el festival invita a pensar la magia como un arte escénico con historia y presente, no como un simple pasatiempo. Esa mirada cultural —sumada al peso simbólico del Circo Price— hace que el plan tenga algo especial: entrar al teatro y salir con la sensación de haber visitado, por un rato, un lugar donde las reglas del mundo se doblan… para recordarnos que todavía es posible sorprenderse.


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