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POM CondeDuque convierte la danza joven en un laboratorio abierto en Madrid

Ensayos, residencias y encuentros para mover el cuerpo y pensar la escena.

POM CondeDuque convierte la danza joven en un laboratorio abierto en Madrid
Baile en POM CondeDuque, Centro de Cultura Contemporánea CondeDuque. Foto: Condeduque Madrid

POM CondeDuque ya está en marcha con una propuesta pensada para jóvenes de 14 a 30 años que quieren bailar, entrenar, investigar y compartir procesos en torno al movimiento. La idea no se queda en el ensayo entendido como una práctica cerrada: aquí también hay mediación, encuentros, espacios de convivencia y actividades que cruzan la danza con otras formas de hacer cultura.

La sala Polivalente se convierte así en un lugar de trabajo y de prueba para distintos estilos, del folclore al voguing, del kpop al flamenco, del hiphop al swing, del waacking a la salsa, del afrodance al soul. Todo el plan gira alrededor de una misma intuición: la danza no solo se muestra, también se ensaya, se discute y se construye en común. ¿Qué pasa cuando un espacio público se abre de verdad a quienes están empezando a profesionalizarse?

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Una sala para ensayar sin pagar

La parte más inmediata del proyecto es la sala de ensayo y entrenamiento, abierta de martes a jueves, con turnos de 17:00 a 18:30 y de 18:30 a 20:00. El uso de los espacios es gratuito y se organiza en cuatro zonas de ensayo, una estructura pensada para que cada grupo pueda trabajar con margen y sin la presión de una clase cerrada o de una dinámica de exhibición.

Ese detalle cambia mucho la forma de entrar en contacto con la danza. No se trata de ir a ver algo terminado, sino de disponer de un lugar donde probar, repetir, corregir y compartir el proceso con otros cuerpos y otras sensibilidades.

Residencia para tres grupos de baile

El otro gran eje del programa es la residencia Cuerpo de baile, una convocatoria de investigación para tres grupos o colectivos de entre 2 y 10 personas. Está dirigida a jóvenes, profesionales o no profesionales, que sitúen el baile, la danza, el cuerpo o el movimiento en el centro de su práctica. Aquí el proceso pesa más que el resultado, y eso se nota desde el planteamiento: no hay una pieza obligatoria al final, sino tiempo, acompañamiento y herramientas para pensar mejor lo que se hace.

La residencia ofrece espacios para ensayo, equipo de sonido, mentorías con profesionales de las artes escénicas y la gestión cultural, tutorías con la mediadora, encuentros mensuales entre los grupos y colaboraciones con otros proyectos y programas culturales. Además, incluye una dotación económica, sin necesidad de factura ni justificación de gastos.

Bailar también es organizarse

Junto a los ensayos y la residencia, el programa incorpora otras vías para ensanchar la práctica. Los talleres pasito a pasito están pensados para acompañar procesos creativos escénicos impulsados por jóvenes y para compartir herramientas de gestión y mediación cultural. No se limitan a enseñar técnicas, sino que ayudan a diversificar la manera de trabajar y a fortalecer la profesionalización desde dentro.

A eso se suman las fiestas baile sin cuartel, un formato que celebra la diversidad cultural y corporal desde el baile, tomando como punto de partida la frase de Emma Goldman: «si no puedo bailar, no quiero ser parte de tu revolución». Y, como espacio de conversación interna, aparece El corrillo, un grupo asambleario que reúne a quienes usan la sala para poner en común necesidades y propuestas de buena convivencia una vez al trimestre.

Un proyecto para pensar la danza del futuro

POM CondeDuque funciona como un salón de baile del siglo XXI, pero también como un lugar donde la danza se cruza con la mediación, la investigación y la construcción de comunidad. Esa mezcla le da un interés especial a quien busca algo más que una agenda de actividades: aquí hay una forma de entender el cuerpo como herramienta de aprendizaje, de relación y de creación compartida.

Queda, además, una idea de fondo que atraviesa todo el programa: la danza del futuro no se reduce a una estética ni a una disciplina concreta. Se parece más a un espacio común donde caben muchas corporalidades, muchas maneras de moverse y muchas formas de imaginar lo que puede pasar entre el ensayo y la escena.

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