Madrid en el Siglo de Oro sigue abierta en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y propone una mirada muy bien armada al Madrid de los Austrias, esa ciudad que, tras la llegada de la corte de Felipe II, se convirtió en un imán para artistas, escritores, científicos, banqueros y personajes de toda condición. Pintura, documentos históricos, numismática, textiles, mobiliario y artes decorativas se reúnen aquí para contar cómo la capital fue tomando forma mientras el Siglo de Oro dejaba su huella en calles, teatros, fiestas y costumbres.
La exposición funciona como una puerta de entrada al Madrid del XVI y del XVII, pero no desde la solemnidad del manual, sino desde la mezcla de perfiles, oficios e ინტერესес que definieron la época. ¿Qué ciudad podía atraer al mismo tiempo a Velázquez, Lope de Vega, Cervantes, Calderón, Quevedo, Juanelo Turriano o Cosme Lotti? Esa es la pregunta de fondo que atraviesa el recorrido, y la respuesta aparece en una selección de 70 piezas procedentes de más de una veintena de instituciones.
Un retrato del Madrid de los Austrias
La muestra se centra en un momento en que Madrid dejó de ser una villa castellana para convertirse en sede de la corte y en pieza clave de un imperio que se extendía por Europa, América y Asia. Ese cambio no solo alteró la política o la economía: también abrió la puerta a una vida cultural desbordante, marcada por el teatro, la literatura, la circulación de ideas y el intercambio de personas y mercancías a través de rutas como la Carrera de Indias o el Galeón de Manila.
Ese es uno de los grandes aciertos del planteamiento, porque la exposición no reduce el Siglo de Oro a unos pocos nombres ilustres. Junto a los monarcas y los grandes creadores aparecen emprendedores, diplomáticos, técnicos, médicos, comerciantes y mujeres poderosas, todos ellos parte de una ciudad cosmopolita y llena de contrastes. El resultado es una lectura más amplia y más viva del periodo, donde la cultura no se entiende separada de la vida cotidiana.
Piezas que cruzan arte, historia y vida cotidiana
Entre las 70 piezas reunidas hay obras y objetos que permiten saltar de la pintura al documento, del lujo cortesano a los usos de la calle. La selección incluye nombres y materiales muy diversos, desde un retrato de Mariana de Austria de Velázquez y taller hasta un retrato de Lope de Vega, además de manuscritos, monedas, textiles, muebles y piezas de artes decorativas que ayudan a reconstruir el ambiente material de la época.
También asoman referencias a figuras y objetos que amplían el foco, como la Mathesis Bicvps vetus et nova de Juan Caramuel, la Caja de cambista, el Escritorillo o el Tríptico Namban. Esa variedad da al visitante algo más que una sucesión de obras valiosas: ofrece un mapa de relaciones entre poder, comercio, ciencia, devoción y representación social. Y ahí está parte del atractivo, porque no se trata solo de ver piezas, sino de entender cómo hablaban entre sí dentro de una misma ciudad.
Visitas guiadas y visitas dialogadas en octubre y noviembre
La programación paralela añade un motivo más para acercarse a la exposición. Hay visitas guiadas para adultos los jueves a las 17:30, los viernes a las 16:30 y 17:30, y los sábados y domingos a las 10:30, 11:30 y 12:30. Además, la muestra ofrece visitas dialogadas por las comisarias, con citas de Carmen Sanz Ayán, Alejandra Franganillo y Cristina Hernández repartidas entre octubre y noviembre.
A eso se suman visitas en lengua de signos, una buena noticia para quienes buscan una experiencia más accesible y completa. La combinación de recorridos guiados y encuentros con las comisarias permite entrar en la exposición con otra capa de lectura, especialmente útil cuando el visitante quiere ir más allá de la contemplación de las obras y situarlas en su contexto histórico y cultural.
Un plan muy cómodo para organizar la visita
La exposición se puede visitar de martes a sábado, de 10:00 a 19:00, y domingos y festivos, de 10:00 a 15:00. La entrada es libre hasta completar aforo, así que conviene elegir bien el momento si se prefiere un recorrido más tranquilo. La sala es accesible para personas con movilidad reducida o con carritos de bebé, y el acceso queda muy bien resuelto para quien se mueva por el centro de Madrid.
Llegar es sencillo, con Metro y Cercanías Sol como referencia cercana, y la dirección en la calle de Alcalá sitúa la visita en una zona muy fácil de encajar en cualquier plan por el centro. Quedan por delante semanas suficientes para ir con calma, volver sobre las piezas que más llamen la atención y dejar que el Madrid del Siglo de Oro se despliegue sin prisas, como una ciudad que todavía sigue contando mucho de lo que fue.