Hoy Madrid
Asistente

La Chola Poblete lleva su universo marrón y barroco a Madrid

Una exposición que cruza identidad, pintura, performance y memoria colonial.

La Chola Poblete lleva su universo marrón y barroco a Madrid
Exposición de La Chola Poblete. Foto: travesiacuatro.com

La Chola Poblete aterriza en Madrid con Marrón Barroco, una muestra que reúne distintas etapas de su trabajo y pone el foco en una de las voces más singulares de la escena latinoamericana actual. La exposición propone un recorrido amplio por su obra, desde las acuarelas y los registros de performance hasta piezas hechas con materiales poco convencionales, como el pan-escultura.

Más que una simple selección de trabajos, el planteamiento de la muestra deja ver cómo Poblete ha ido transformando su lenguaje visual a partir del cuerpo, la biografía y la historia. Su práctica cruza identidad marrón, experiencia travesti, referencias populares y una mirada crítica sobre los relatos heredados por el arte y por la colonización. ¿Qué ocurre cuando todo eso se coloca en una misma sala y se mira de frente?

YouTube video

Un recorrido por una obra que no se queda quieta

Marrón Barroco es la primera muestra individual de La Chola Poblete en España y funciona como una panorámica de su trayectoria. La artista, nacida en Guaymallén, en la provincia argentina de Mendoza, ha construido una obra marcada por la mutación constante, por el uso del propio cuerpo como herramienta de pensamiento y por una relación muy consciente con los símbolos que la rodean.

Entre las piezas que aparecen en el recorrido está Autorretrato con ristra de ajos , de 2019, una obra poco exhibida en la que la artista se presenta con una ristra de ajos convertida en látigo-cola. La referencia al trabajo de Robert Mapplethorpe aparece ahí como punto de partida, pero también como una forma de tensionar la historia del autorretrato y de situarse dentro de ella desde otro lugar.

Identidad marrón, barroco y una historia que se reescribe

El título de la exposición mezcla dos ideas que definen bien el trabajo de Poblete. Marrón remite a una enunciación política e identitaria asumida en Argentina para reivindicar a quienes han sido invisibilizados por el mito de un país blanco. Barroco, por su parte, apunta a un exceso formal que la artista recupera desde Latinoamérica para llevarlo a un terreno propio, desobediente y expansivo.

Esa tensión se nota en piezas como la serie Kill your idols , de 2025, donde Poblete comparte escena con Marta Minujin y reordena imágenes muy reconocibles de la cultura mediática y de la historia del arte. También se ve en las acuarelas de Quiero dormir cansada , de 2026, donde conviven Charly García, Lionel Messi, la Virgen, Chakanas, rosas sangrantes y frases manuscritas que hablan de resistencia, violencia y memoria. El resultado no busca una lectura limpia, sino una fricción constante entre lo íntimo, lo popular y lo histórico.

Cuerpos, pan y travestismo como forma de resistencia

Uno de los rasgos más potentes de la obra de Poblete es su capacidad para travestir materiales y relatos. En la exposición aparecen máscaras de pan inspiradas en las Tanta Wawas o guaguas de pan, ofrendas andinas vinculadas a la memoria de quienes precedieron a los vivos. El trigo, introducido en América, se convierte así en materia cultural y política, y el alimento deja de ser solo alimento para entrar en otra dimensión simbólica.

La artista trabaja con esa mezcla de lo sagrado, lo cotidiano y lo corporal para cuestionar el legado colonial y sus efectos presentes. En sus imágenes, el cuerpo marrón no ocupa un lugar decorativo ni testimonial, sino combativo. Se infiltra en la historia canónica, la contamina y la desplaza, con una energía que viene tanto de la experiencia personal como de una conciencia muy clara de cómo se construyen los relatos oficiales.

Las piezas más recientes y el pulso de lo que viene

La parte final de la muestra reúne trabajos recientes pensados para su presentación en Madrid. Ahí aparecen las series Marrón Barroco y Hasta la tristeza es distinta con el sol , con pinturas acrílicas de colores intensos, geometrías marcadas y figuras que se relacionan desde la agresión, no desde la armonía. La escena ya no se organiza como un espacio de contemplación tranquila, sino como un campo de fuerzas.

En esas obras, el cabello se convierte en arma, las formas remiten a imaginarios del Popol Vuh y surgen referencias a Xibalbá que exceden las lecturas occidentales y cristianas. La exposición deja claro que la obra de Poblete no busca acomodarse, sino abrir grietas en los modelos heredados. Y ahí está una de sus mayores virtudes: obliga a mirar de otro modo lo que parecía fijado de antemano.

La visita a Marrón Barroco deja una sensación poco habitual, la de estar ante una obra que no pide permiso para entrar en la historia del arte. Lo hace desde la mezcla, desde el exceso y desde una identidad que se afirma sin traducirse para agradar. Esa es precisamente su fuerza.

Plan relacionado

También en Exposiciones