Goya como pieza de arranque
Entre las obras reunidas, el gran reclamo es la serie completa de los seis cuadros de Juegos de niños de Francisco de Goya. Pintados hacia 1785 y 1786, estos pequeños óleos muestran escenas infantiles con una frescura poco común: niños jugando a soldados, al toro, a la píldora, peleándose por castañas o buscando nidos entre ruinas.
La presencia de Goya articula buena parte de la visita y da al conjunto una energía especial. ¿Qué mejor punto de partida que estas escenas para entrar en una colección que combina ternura, observación social y una mirada muy afinada sobre la vida cotidiana de la España ilustrada? A partir de ahí, la exposición se abre hacia otras escuelas y otros tiempos con una naturalidad muy bien resuelta.
Flamencos, italianos y barroco madrileño
Junto a Goya aparecen obras destacadas de las escuelas flamenca e italiana, con nombres de peso como Frans Snyders, Paul de Vos, Frans Francken el Joven y Luca Giordano. Entre las piezas más llamativas figuran Jauría de perros acosando a un ciervo, Bodegón de frutas y fondo de paisaje, El triunfo de Neptuno y Anfítrite y la monumental Huida a Egipto, una de las obras de mayor formato de toda la colección.
La parte española del siglo XVII completa un panorama muy sólido del barroco madrileño. Están presentes Bartolomé Carducho, Vicente Carducho, Juan de Arellano, José Antolínez y Alejandro de Loarte, entre otros. El conjunto permite seguir cómo dialogan la pintura religiosa, el bodegón, el paisaje y la escena de caza dentro de una misma tradición artística.
Retratos, paisajes y memoria del siglo XIX
La muestra no se queda en el Siglo de Oro. También incorpora un capítulo muy sugerente de retratos y pintura de los siglos XIX y XX, con obras de José Moreno Carbonero, Pablo Manzano, Ricardo de Madrazo, Bernardo López Piquer y Antonio de Brugada. Ese tramo amplía el relato y acerca la colección a una sensibilidad más cercana al mundo contemporáneo del visitante.
Entre las piezas de este apartado sobresalen el retrato de Carlota de Santamarca y Donato, el gran lienzo de Antonia González y Pérez junto a su marido, y los bustos en mármol de Miguel de la Cruz Martín. A ello se suman las marinas de Brugada y los paisajes orientalistas de Jenaro Pérez Villaamil, con escenas como Caravana a la vista de Tiro y Las gargantas de las Alpujarras.
Una colección para mirar con calma
El conjunto expuesto reúne 54 lienzos, tres bustos y otros enseres de época. La cifra importa, pero todavía más la variedad de registros que ofrece: del bodegón a la pintura de historia, del retrato a la marina, de la escena infantil al paisaje. Esa amplitud convierte la visita en un recorrido muy completo por la sensibilidad artística de varios siglos.
Además, la exposición ofrece cartelas e información en inglés, un detalle útil para quienes quieran profundizar en cada obra con más contexto. La entrada es gratuita y la muestra puede verse de martes a domingo, con horario de 10:00 a 20:00 horas y, desde el 15 de junio, de 10:00 a 19:00 horas. Una ocasión para detenerse ante piezas que no solo hablan de arte, sino también de una forma de entender la responsabilidad social y la transmisión del patrimonio.