Numancia es una obra de teatro que se representa en la Sala Verde de Teatros del Canal en Madrid hasta el 1 de febrero de 2026. Esta producción lleva al escenario una de las tragedias más intensas y emblemáticas de la literatura española, escrita originalmente por Miguel de Cervantes, y la sitúa en un contexto escénico contemporáneo que potencia su fuerza simbólica. Bajo la dirección y versión del dramaturgo José Luis Alonso de Santos, la pieza propone una experiencia dramática que indaga en temas universales como la libertad, la dignidad y la resistencia frente a la adversidad.
El montaje no busca únicamente revisitar un texto clásico, sino activar su capacidad de interpelar al público actual. La historia de Numancia se convierte en una metáfora de las luchas colectivas, del conflicto entre poder y pueblo, y de la necesidad de preservar la identidad incluso en las circunstancias más extremas. La obra se presenta así como una reflexión profunda sobre la condición humana, cargada de intensidad emocional y resonancia ética.

Un texto clásico convertido en experiencia contemporánea
La historia de Numancia se inspira en los hechos reales que rodearon la caída de la ciudad celtibérica ante las legiones romanas en el siglo II a. C. La tragedia explora las decisiones extremas de un pueblo que, frente a la certeza de la derrota, opta por un destino propio antes que caer bajo el dominio enemigo. Este gesto colectivo, radical y doloroso, se convierte en el núcleo moral de la obra.
En escena, el lenguaje clásico de Cervantes —con su riqueza poética y su estructura coral— se actualiza para que resuene con sensibilidad contemporánea. La adaptación no elimina la esencia del texto original, pero lo acerca al espectador actual mediante un ritmo ágil, una dramaturgia clara y una puesta en escena que subraya los conflictos humanos más allá del contexto histórico. La tragedia se transforma así en una experiencia viva, capaz de hablar del pasado y del presente al mismo tiempo.
Una puesta en escena que sumerge al público
La producción despliega una puesta en escena precisa y poderosa que envuelve al público desde los primeros minutos. El espacio escénico se utiliza de forma simbólica, con una disposición que refuerza la sensación de encierro, asedio y tensión constante. La escenografía, sobria pero significativa, construye un ambiente opresivo que acompaña el desarrollo emocional de la historia.
La iluminación y el diseño sonoro juegan un papel esencial en la construcción del clima dramático. Los contrastes de luz, los silencios y los estallidos sonoros marcan los momentos de mayor intensidad, guiando la percepción del espectador y amplificando el impacto de cada escena. El montaje consigue así que el público no solo observe el drama, sino que lo experimente físicamente, sintiendo el peso de cada decisión y cada pérdida.
Voces y cuerpos que encarnan la resistencia
El elenco de Numancia da vida a personajes marcados por dilemas morales extremos y decisiones sin retorno. A través de la palabra, el gesto y el movimiento, los actores construyen un retrato colectivo del sufrimiento, la esperanza y la determinación. No hay héroes individuales, sino una comunidad entera enfrentada a su destino, lo que refuerza el carácter coral y político de la obra.
Cada personaje representa una faceta distinta de la resistencia: la rebeldía, el miedo, el sacrificio, el amor por la tierra y por los otros. Las interpretaciones no se limitan a reproducir el texto, sino que lo encarnan emocionalmente, aportando una dimensión humana que trasciende lo histórico. La fuerza del conjunto actoral convierte la tragedia en una experiencia profundamente empática, donde el espectador puede reconocerse en los conflictos de los personajes.
Un diálogo entre pasado y presente
Aunque ambientada en un contexto histórico lejano, Numancia interpela directamente al espectador actual. La obra plantea preguntas sobre el sentido del sacrificio, la identidad colectiva, la soberanía y la dignidad frente a la opresión, temas que siguen siendo relevantes en el mundo contemporáneo. La tragedia se convierte así en una reflexión sobre el poder, la violencia y las consecuencias de la dominación.
Este montaje no se limita a recrear un episodio del pasado, sino que lo convierte en un espejo de nuestro tiempo, estableciendo paralelismos con conflictos actuales, crisis sociales y luchas por la libertad. En ese cruce entre lo antiguo y lo actual, Numancia demuestra la vigencia del teatro clásico como herramienta para pensar el presente y cuestionar las estructuras que rigen nuestra realidad.

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