La caja de juguetes: títeres, música y una historia que se entiende con los ojos

La caja de juguetes: títeres, música y una historia que se entiende con los ojos

La caja de juguetes llega a los Teatros del Canal con una propuesta pensada para vivirla en familia: un concierto-espectáculo que mezcla teatro de títeres, interpretación y movimiento. La cita se mantiene hasta el 15 de febrero de 2026, con funciones los días 14 y 15, y una duración de 40 minutos. Es un plan breve, directo y muy agradecido para quienes buscan una experiencia cultural que enganche tanto a peques como a adultos, sin necesidad de grandes preámbulos.

Lo que sucede en escena parte de un material muy especial: un ballet pantomima para niños creado por Claude Debussy, originalmente titulado La boîte à joujoux. Aquí la historia se despliega como un pequeño mundo de juguetes que cobra vida al compás del piano y de las marionetas. Hay amor, celos, una batalla inesperada y un final que deja poso, todo narrado sin apoyarse en el diálogo hablado, sino en la expresividad del gesto y el movimiento.

Un ballet sin palabras donde manda el gesto

La clave de la experiencia está en que Debussy concibió la obra como una «pantomima», es decir, un entretenimiento sin texto hablado en el que la emoción se transmite con el cuerpo. Esa decisión cambia por completo la manera de mirar: en lugar de “seguir” frases, se siguen acciones, miradas y ritmos. Para el público infantil, esto suele ser un regalo, porque la comprensión nace de lo que se ve y se siente; para el público adulto, aparece esa sensación de estar leyendo una historia con los ojos, como si cada gesto fuese una frase.

Además, el propio Debussy dejó claro que las marionetas no son un adorno, sino el centro del sentido. La idea de que «solamente las marionetas pueden representar el significado de la obra y la expresión de la música» no se queda en una intención bonita: marca el tono, el tipo de movimiento y hasta el humor. Los personajes conservan algo elemental, casi de recorte, y justamente ahí está su fuerza: lo simple se vuelve elocuente.

Claude Debussy y la delicadeza como forma de sorprender

Detrás de esta pieza está la personalidad artística de Claude Debussy, una figura decisiva para la música del siglo XX. Su manera de entender la armonía y la forma musical abrió caminos nuevos y conectó con sensibilidades de su tiempo, especialmente con ambientes próximos al simbolismo y a lo que a menudo se asocia con el impresionismo musical. Traer su música al terreno familiar, sin “rebajarla”, convierte el espectáculo en una puerta de entrada natural a un compositor enorme.

En el caso de La boîte à joujoux, además, hay un contexto muy concreto que la vuelve cercana: Debussy la terminó en 1913 como su última obra importante para el teatro, y la inspiración estuvo ligada a su hija Claude-Emma, «Chouchou», que tenía siete años. Esa edad no es un dato menor: se nota en el tipo de fantasía, en el tamaño emocional del conflicto y en cómo la música acompaña el descubrimiento del mundo como si fuera un juego, a ratos tierno, a ratos travieso.

André Hellé y el encanto de mirar como en un cuento ilustrado

La historia nace de André Hellé, artista especializado en libros infantiles, que primero la planteó como relato ilustrado y después la transformó en un guion sencillo para ballet. Esto se percibe en el sabor de cuento: no se busca la complejidad psicológica, sino la claridad del gesto y la potencia de las imágenes. Incluso la partitura publicada incorporó ilustraciones y comentarios sobre la acción, reforzando ese aire de obra que se “lee” al mismo tiempo que se escucha.

El argumento, aunque simple, está cargado de juego dramático: un soldadito de madera se enamora de una muñeca, pero ella prefiere al insolente Polichinela. La tensión crece hasta desembocar en una batalla entre soldados y polichinelas, el soldado cae herido y es abandonado, y entonces sucede el giro más humano: la muñeca lo auxilia, lo cuida y termina enamorándose. Después llegan la vida compartida, una pequeña granja con animales, el paso del tiempo, una familia numerosa y un cierre con los hijos bailando una polka, mientras Polichinela acaba convertido en guardia rural. Todo, con la ligereza de un cuento y el pellizco emocional de lo que cambia cuando alguien cuida a otro.

Bambalina Teatre Practicable y un equipo con oficio para emocionar

La propuesta escénica viene de Bambalina Teatre Practicable, compañía nacida en 1981 en la Vall d’Albaida, y con un sello reconocible: la relación viva entre intérpretes y títeres. Desde sus primeros años, la compañía fue abriendo camino con creaciones propias, giras y una manera de entender el teatro de marionetas que dialoga con otras artes. Con el tiempo, ese recorrido se consolidó con premios y reconocimientos en distintos montajes, y con títulos que han marcado etapa, como Kiti Kraft o La Celestina, además de adaptaciones de clásicos como Hamlet o Edipo rey.

En la trayectoria del equipo artístico también hay claves que explican por qué este montaje funciona como experiencia completa. Jaume Policarpo, miembro fundador y director artístico desde 1990, ha desarrollado una carrera ligada a Bambalina que combina dirección, dramaturgia, trabajo como titiritero y diseño escénico, además de dirigir montajes musicales vinculados a repertorios muy diversos. En el piano está José Jaime Hidalgo, nacido en Xirivella en 1984, con formación especializada, beca de perfeccionamiento en el entorno del Palau de les Arts y experiencia como maestro repertorista en producciones líricas y de ballet, además de faceta como compositor. En cuanto a intérpretes, aparecen perfiles con recorrido en escena y en el trabajo con objetos y marionetas: Pau Gregori, licenciado en Arte Dramático y cofundador de Lupa Teatre; Arianne Algarra, formada en interpretación en València y con reconocimientos recientes; y nombres asociados al universo Bambalina como Jorge Valle o Águeda Llorca, vinculada también a la manipulación de títeres y premiada como actriz por La Celestina. Todo suma para que el resultado no sea solo “bonito”, sino sólido, medido y con ese punto de emoción que se queda después.


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