“Tres noches en Ítaca” en Nave 10 Matadero: el regreso que lo cambia todo

“Tres noches en Ítaca” en Nave 10 Matadero: el regreso que lo cambia todo

“Tres noches en Ítaca” se podrá ver en la nave 10 Matadero de Madrid hasta el 8 de marzo de 2026. La obra propone una historia de reencuentros a contraluz del mar: tres hermanas viajan a la isla griega de Ítaca para despedir a su madre, una mujer que marcó sus vidas tanto por lo que fue como por lo que dejó sin explicar.

La pieza invita a acompañarlas durante tres noches intensas, cargadas de memoria, heridas y preguntas pendientes. En ese tiempo acotado —tres noches, un mismo lugar— la obra convierte el duelo en un viaje emocional donde el pasado vuelve con fuerza y la familia se revela como un territorio tan íntimo como imprevisible.

Un punto de partida rotundo: un entierro y una isla

La acción arranca con un regreso obligado: la muerte de la madre las empuja a reunirse después de años de distancia. Ítaca, con todo lo que evoca como símbolo del retorno, se convierte aquí en un espacio real y a la vez mental, un lugar donde no solo se despide a alguien, sino también a una versión de la historia que quizá ya no sirve.

A lo largo del encuentro, la obra va abriendo capas: lo que cada hermana recuerda, lo que cada una se contó para seguir adelante y lo que nunca se dijeron entre ellas. La tensión no nace del misterio externo, sino de lo humano: cómo se reconstruye a una madre que ya no está y cómo se mira una infancia cuando el tiempo obliga a volver a ella.

Alberto Conejero y María Goiricelaya: emoción sin atajos

El texto de Alberto Conejero apuesta por una palabra que busca tocar sin adornos innecesarios, con un tono que se mueve entre lo doloroso y lo luminoso. La obra deja espacio para el humor, no como escape, sino como parte natural de cualquier familia: incluso en los días más duros, lo absurdo y lo tierno se cuelan en la conversación.

La dirección de María Goiricelaya acompaña esa idea de contraste, cuidando que la historia avance como avanza un duelo: a saltos, con momentos de claridad y otros de confusión. El resultado es una experiencia que no se limita a contar lo que ocurre, sino que pone al público frente a una pregunta incómoda y muy actual: qué hacemos con lo que no entendimos a tiempo.

Tres hermanas, tres maneras de enfrentarse al pasado

Ariadna, Penélope y Elena (interpretadas por Marta Nieto, Cecilia Freire y Amaia Lizarralde) llegan a Ítaca con equipajes distintos. Cada una encarna una forma de protegerse: la que necesita respuestas, la que se refugia en el control, la que prefiere no remover. Cuando se sientan juntas, esas estrategias chocan, se desarman y, a veces, se transforman.

En ese choque aparece lo más poderoso de la obra: la sensación de que la familia es, a la vez, el lugar donde más duele y donde también puede empezar algo parecido a la reparación. “Tres noches en Ítaca” no promete finales perfectos, pero sí la posibilidad de que, al decir lo que faltaba, el aire cambie un poco.

Por qué verla en Nave 10 Matadero antes del 8 de marzo

La nave 10 Matadero se ha consolidado como un espacio pensado para la creación contemporánea, y esta obra encaja por su capacidad de hablar de lo clásico (el retorno, la pérdida, la herencia emocional) desde un pulso muy de hoy. Es un plan ideal para quien busca teatro que deje conversación después: no solo “qué me ha gustado”, sino “qué me ha removido”.

Verla antes del 8 de marzo de 2026 tiene además ese punto de oportunidad: una función que sucede en un tiempo concreto, con un público concreto, y que se vive mejor cuando uno entra dispuesto a escuchar. Si te interesan las historias familiares sin maquillaje, con verdad y contradicción, esta Ítaca merece el viaje.


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