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El club de los poetas muertos vuelve a encender la escena en La Latina

Un montaje sobre libertad, deseo y rebeldía con funciones ya en marcha.

El club de los poetas muertos vuelve a encender la escena en La Latina
El club de los poetas muertos. Foto: Uso promocional

La historia de El club de los poetas muertos sigue teniendo una fuerza poco común sobre el escenario. La llegada de John Keating a la Academia Welton abre un conflicto que va mucho más allá de las aulas: de un lado, la disciplina férrea; del otro, la necesidad de pensar, sentir y decidir por cuenta propia. Con el lema «Carpe Diem» como impulso, la obra recupera una pregunta que no pierde vigencia: ¿qué ocurre cuando alguien se atreve a escuchar su propia voz?

En Teatro La Latina, esta versión teatral se presenta como un relato de formación y choque generacional que combina poesía, amistad y riesgo emocional. La propuesta está en cartel con una duración de 110 minutos y una recomendación para mayores de 14 años, sin que eso limite el acceso a la sala. Para quienes buscan un plan de teatro con contenido y pulso dramático, aquí hay una historia que avanza con claridad y deja espacio para la reflexión sin perder intensidad escénica.

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Una historia de rebeldía que no ha perdido filo

Basada en el texto de Tom Schulman, El club de los poetas muertos conserva intacto su núcleo: un profesor que descoloca el orden establecido y unos alumnos que descubren, casi a la vez, la poesía, la amistad y la posibilidad de imaginar otra vida. La Academia Welton funciona como un espacio de normas rígidas, pero también como el lugar en el que germina una pequeña insurrección íntima, clandestina y profundamente humana.

A partir de ahí, la obra se mueve entre la ilusión y la tragedia. Los jóvenes retoman el club secreto para compartir deseos y sueños, y ese gesto, que parece apenas un refugio, acaba chocando con las expectativas familiares y la autoridad escolar. El resultado es un drama sobre la libertad individual que encuentra su fuerza en la tensión entre lo que se desea y lo que se permite.

Un reparto pensado para sostener la emoción

La función cuenta con Juanjo Artero, Manu Rodríguez, Tomy Álvarez, Jacobo Camarena, Gabriel Flores, Lennon, Jon Sharp, Álvaro de Paz, Sergio Aguado y Marcos Saneiro. El conjunto refuerza la dimensión coral del montaje, algo clave en una obra donde el grupo importa tanto como el personaje que empuja el cambio. Esa combinación ayuda a que el conflicto no se lea como una simple confrontación entre profesor y alumnos, sino como una red de decisiones que afecta a todos.

También pesa la mirada de Juan Luis Iborra en la dirección, que articula una pieza donde la palabra, el ritmo y la emoción sostienen el avance de la historia. En paralelo, la música de Gerardo Gardelín, la escenografía de David Pizarro, el vestuario de Gabriela Salaverri y la iluminación de Juanjo Llorens completan un marco escénico que acompaña el tono del montaje sin desviar la atención de lo esencial, que sigue siendo el conflicto moral y afectivo de los personajes.

Horarios y precios para organizar la visita

Las funciones se celebran de miércoles a viernes a las 20:00 horas, los sábados a las 17:30 y a las 20:00 horas y los domingos y festivos a las 19:00 horas. La obra permanece así disponible en varias franjas de la semana, con una agenda amplia que facilita encontrar hueco para verla sin complicaciones.

En cuanto a las entradas, los precios van de 18,50 a 37,50 euros según la categoría. La categoría 4 tiene visibilidad limitada en algunas escenas y no admite promociones. El precio incluye IVA y gastos de servicio, y la compra online se mantiene igual o por debajo del precio de taquilla.

Una función también pensada para públicos diversos

La obra ofrece además dos funciones accesibles, una el 8 de octubre de 2026 y otra el 18 de octubre de 2026, con subtítulos y audiodescripción para personas con discapacidad visual y auditiva. A ello se suma el bucle magnético con sonido amplificado y auriculares, que puede solicitarse en la entrada de la sala. También es posible pedir una butaca accesible llamando a taquilla.

Como propuesta escénica, el montaje dialoga bien con quienes buscan una historia reconocible y, al mismo tiempo, actual. La mezcla de poesía, presión social y despertar personal sigue funcionando porque habla de algo muy básico: la dificultad de ser uno mismo cuando todo alrededor empuja en otra dirección. Y ahí está buena parte de su interés, en esa tensión que nunca pasa de moda.

Un clásico que sigue interpelando

La potencia de El club de los poetas muertos no depende solo de su fama previa, sino de la manera en que convierte una historia conocida en una experiencia teatral con nervio propio. La defensa de la voz individual se mantiene como el eje de todo, y por eso la obra sigue encontrando eco en espectadores de distintas edades.

Con producción de Pentación Espectáculos y A&A, el montaje se suma a la programación de La Latina como una apuesta por un teatro que combina emoción, relato y una clara vocación popular. Hay obras que envejecen bien porque hablan de lo que sigue importando, y esta es una de ellas.

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