Línea recta, o casi

Por Virginia Erena. Relato seleccionado para el viernes, 8 de mayo de 2020, en el I Concurso de Microrrelatos «Hoy Madrid». Foto de Martin Snopek en Flickr.

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En invierno llegaba impulsada por un resorte. Mi memoria no registraba aquellas mañanas frías, pero cada año, con el adelanto horario, todo aparecía, como un cambio de escenario en medio de una obra de teatro a la que no hubiese estado atenta. Y mi sombra infinita se adelantaba, impaciente por volver a ver el paisaje.

Pasar Sol, perezosamente desierto y atravesar Canalejas, abierta como una ventana por donde poder mirar Madrid por dentro.

Pasar el Congreso, cruzar el Prado, y respirar profundo olor a césped de las praderas que protegen el Museo.

Ver las lonas que anunciaban la exposición temporal, un traje que el museo cambiaba cada temporada, siguiendo las modas.

Subir las escaleras y dar los buenos dias a la estatua del soldado, que parecia decirme «vamos sube, no te quejes» y encontrarme con los Jerónimos.

Pasar la puerta de hierro verde y aguantar las ganas de tocar sus ramas de hierro.

Y Casado del Alisal, ya en sombra, diez metros más, llegar a la oficina y encontrar al portero, serio, ajeno a las maravillas que yo acababa de ver.

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Así catorce años y medio. Uno tras otro. Hasta que me dijeron que cambiábamos de oficina. Dimití.