Yerma

Yerma

El teatro, ese lugar único, donde uno puede llenarse de sensaciones y sentimientos, donde puede sentir en su propia piel todo lo que les sucede a los protagonistas de las historias allí contadas. Eso es lo que se llama la magia del teatro. Pues bien, el domingo tuvimos el enorme placer de asistir a la clausura de Yerma, una adaptación de la obra original de Federico García Lorca, donde esa «magia» no pudo estar más presente.

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Teatro urgente, que es el nombre de esta compañía, estrenó el 30 de septiembre este montaje en el Teatro Quique San Francisco, con una gran polémica desde el primer momento. Llevada a la época actual, a un pueblo de España, narra los episodios y peripecias de una mujer desesperada por ser madre, enojada por no poder traer un niño a este mundo.

Con la dirección en manos de Ernesto Caballero, pudimos ver un montaje sencillo pero muy dinámico, con fluidez, con ritmo en su composición, estructurado y con gran armonía entre actores y escenografía. Un trabajo brillante tanto el del director como el del reparto: si los integrantes del elenco sentían ira, el público la sentía por igual; que se expresaba deseo, la audiencia lo respiraba en el ambiente; si era angustia o miedo, a todos nos corría por la sangre. En conclusión, un trabajo brillante por parte de todo el equipo y, lo más importante, un trabajo en el que vimos verdad, una actuación orgánica y una puesta en escena que hacía vibrar a cada una de las personas que ocupaban las butacas del Teatro Quique San Francisco. 90 minutos de incesante calidad que parecieron 90 segundos, dado el nivel interpretativo.

Esta Yerma de la que pudimos disfrutar, de una manera magnífica, fue interpretada por Karina Garantivá, una actriz de la cabeza a los pies que nos dejó a todos con la piel erizada y la boca abierta. Es tan difícil de ver, tan difícil de realizar… Que la audiencia que observa siento eso que está siendo interpretado como si se viviera en primera persona… Que, llegado el punto, desnuda, desprovista, tan vulnerable, sea a quien mira a quien haga sentir así. Con un saber estar en escena, un aplomo en cada silencio, en los movimientos que era abrumador. Acompañada de interpretaciones no menos brillantes del resto de actores que formaban el reparto: Rafael Delgado, Felipe Ansola, Raquel Vicente, Ksenia Guinea y Ana Sañiz. Cómo estas tres mujeres pueden contener la respiración y, mojadas de pies a cabeza, son capaces de transmitir tanto, cómo los dos hombres del elenco pisan el escenario como lo hacen, llenándolo sin necesidad de hablar, con la calma de la seguridad, con la tranquilidad del que no necesita correr buscando las líneas del guión porque su sola presencia ya inunda cada rincón.

En resumidas palabras, no puedo añadir ningún adjetivo que no sea sinónimo a magnífico, abrumador o brillante, un completo regalo para la mente y los sentidos.

Deseando esperamos que vuelvan a los escenarios y que nos deleiten con Yerma o con cualquiera de sus nuevas versiones, porque si la calidad actoral es así, y la dirección no se queda atrás, seguro que lo que vayamos a ver será digno de admirar.

Como anécdota, añadir que entre el público pudimos ver a compañeras del mundo del espectáculo y, ver como se emocionan con el trabajo de los suyos, como vibran en el asiento, lloran, aplauden hasta que lo brazos pesan o se ponen en pie como hicimos nosotros, significa que nuestro criterio no iba desencaminado y nuestra opinión era pareja a los ojos de una gran profesional.

Un completo lujo. Seguiremos muy de cerca a Teatro Urgente.

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