A partir del 20 de febrero de 2026, el Teatro de Bellas Artes de Madrid acoge Gigante, una obra protagonizada por Josep Maria Pou que propone una experiencia teatral profunda, reflexiva y emocional. Este montaje se presenta como un viaje interior en el que el público es invitado a observar de cerca la complejidad de un personaje marcado por sus contradicciones, sus silencios y su necesidad de enfrentarse a sí mismo.
La obra se construye como un retrato humano lleno de matices, donde cada gesto, cada palabra y cada pausa adquieren un peso significativo. Gigante no busca el impacto fácil, sino que apuesta por una narración que se despliega con calma y precisión, permitiendo que el espectador se sumerja en una historia que conecta con emociones universales como la culpa, la memoria, el orgullo y la fragilidad.
Un texto que interpela al espectador
Gigante se apoya en un texto de gran densidad emocional que invita a reflexionar sobre el paso del tiempo, la identidad y el sentido de las decisiones que marcan una vida. La obra plantea preguntas sin respuestas cerradas, generando un espacio de diálogo interior en quien la contempla. Cada escena funciona como una capa más de un retrato psicológico que se va revelando poco a poco.
Este enfoque introspectivo convierte la función en algo más que una representación: se trata de una experiencia que apela directamente al pensamiento y a la sensibilidad. El espectador no es un observador pasivo, sino un cómplice que acompaña al protagonista en su proceso de confrontación consigo mismo, reconociendo en él ecos de su propia historia personal.

Josep Maria Pou: una presencia escénica imponente
La interpretación de Josep Maria Pou es uno de los grandes pilares de Gigante. Su capacidad para transitar por registros emocionales complejos y su dominio del tempo escénico hacen que cada momento resulte creíble y profundamente humano. Pou no solo interpreta a su personaje, sino que lo habita, construyendo una figura que respira, duda y se transforma ante los ojos del público.
La fuerza de su presencia escénica sostiene el ritmo de la obra y guía al espectador a través de los distintos estados emocionales que atraviesa el protagonista. Su voz, su gestualidad y su control del silencio convierten cada escena en un momento de alta intensidad dramática, confirmando una vez más su lugar como una de las grandes figuras del teatro contemporáneo.
Una puesta en escena al servicio de la emoción
La puesta en escena de Gigante apuesta por la sobriedad y la precisión, creando un entorno que potencia el viaje interior del personaje sin distraer la atención del núcleo dramático. La escenografía, minimalista pero cargada de simbolismo, acompaña el relato como un reflejo del mundo interior del protagonista, marcando espacios de memoria, conflicto y revelación.
La iluminación y el diseño sonoro juegan un papel fundamental en la construcción de atmósferas, subrayando los momentos de mayor tensión emocional y guiando al espectador a través de los cambios de estado. Todo está pensado para que la historia se perciba como un todo orgánico, donde forma y contenido se integran para reforzar la experiencia teatral.
Temas universales con resonancia actual
Gigante aborda cuestiones que siguen siendo profundamente actuales: la necesidad de reconciliación con el pasado, la búsqueda de sentido, la soledad y el deseo de comprender quiénes somos realmente. Estos temas, tratados con sensibilidad y profundidad, conectan con el público desde una perspectiva íntima, sin recurrir a fórmulas simplistas.
La obra se convierte así en un espejo donde cada espectador puede reconocer fragmentos de su propia vida, de sus miedos y de sus esperanzas. Esta capacidad de resonar en lo personal es lo que dota a Gigante de una fuerza especial, transformándola en una experiencia teatral que va más allá del escenario.
Una cita imprescindible en la cartelera madrileña
La llegada de Gigante al Teatro de Bellas Artes de Madrid, a partir del 20 de febrero de 2026, se perfila como una de las grandes citas teatrales de la temporada. Su combinación de un texto profundo, una interpretación magistral y una puesta en escena cuidada la convierten en una propuesta ideal para quienes buscan un teatro que emocione y haga pensar.
Asistir a esta obra es abrir la puerta a una experiencia intensa y transformadora, donde el silencio, la palabra y la emoción se entrelazan para contar una historia que permanece en la memoria. Gigante no solo se ve: se siente, se reflexiona y se guarda como una vivencia que deja huella.

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