Gerardianas

Relato enviado por Patricia Andrés Sánchez para la convocatoria «Historias de la nueva normalidad».

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Homenaje a Gerardo Vera
LUGAR: Teatro María Guerrero
DÍA Y HORA: 8 de febrero de 2021. 19h.
ZONA: Palco. Primer piso. Fila 1. Butaca 13.

Una vez localizados nuestros asientos, todos los que asistimos al homenaje, comenzamos a fijarnos en la bombonera que es este teatro, de arriba a abajo y de izquierda a derecha. Cuando nuestra mirada llegó al escenario, encontramos que el equipo técnico había montado un pequeño decorado para la ocasión: un telón rojo extendido por todo el suelo del escenario, una pantalla de cine, un par de lámparas y un pequeño atril con micrófono, protegido por un metacrilato que lo asemejaba a una pecera.

Presenciamos un acto emotivo, donde los tres ponentes dijeron lo suficiente y donde el adjetivo tomó más importancia que el sustantivo. Se nos mostró las muchas facetas de Gerardo. Lo más reseñable. “Fue un director de cine con sensibilidad de hombre de teatro. Buscaba el arte por el arte, la belleza como finalidad última, la estética por encima de todo. Lo mejor, “Tenía cabeza de ruso, por eso hacía tanto ruso proyectado en un escenario”.

Se destacó que fue un hombre enamorado de su marido, con el que sacaba adelante las producciones. Y con ese ánimo, con el tilín del corazón, un día que estaba en vena escribió tal, un día que estaba triste escribió cual. Sus obras se enlazan libres y seguras con el hecho de escribir, con instinto, atreverse a ir hasta el fondo de los contrastes y dar voz a las más sutiles sugerencias.

Con Mcbeth estaba muy ilusionado. Su último proyecto que no pudo terminar. Los ensayos, que continuaron sin él, le tenían presente; tanto por lo que dejo hecho como por el pequeño retrato sobre la mesa de dirección.

Silencios de emoción.

Cuando el ponente desvió la mirada hacia las dos lámparas que le flanqueaban, nos indicó que nos fijáramos bien, con detenimiento. Gerardo era detallista con el atrezzo, tenía preferencias, y por eso se adaptó el nombre de GERARDIANAS a todos los elementos de utilería que consideraba especiales y quería en sus montajes. Las lámparas de cristal tienen la historia de este teatro esmerilada en el vidrio, por eso tenía devoción por ellas.

―Me van a permitir que demos este salto en el tiempo, que les explique porque a Gerardo le encantaba la historia de esta casa y no se cansaba de repetirla ―dijo el presentador—. Vean el logo TP de la tulipa, una letra encima de otra, por Teatro de la Princesa. La princesa era María de las Mercedes de Borbón, hija de Alfonso XII y Mª Cristina. Con tan reales inauguradores no extraña que empezara siendo un teatro elitista, gente de alta alcurnia, que entraba directamente en coche de caballos, que veía representaciones exclusivas, sentados en grandes asientos en la platea. No se olvidaron de un «gallinero», minúsculo, para los espectadores que pagaban poco y estaban muy interesados en asistir, aunque tenían difícil llegar por estar tan alejado del centro. Sólo se podía acceder en el mencionado coche de caballos. En 1931, el teatro cambió de nombre y de dueña, pasó de una princesa de privilegios, a una realeza de la interpretación, María Guerrero. A Gerardo le fascinaba la biografía de María, cómo iba de pequeña al teatro con su padre, un tapicero que hacía decorados para las obras. La consideraba otra reina que nunca llevó corona, ni falta que le hacía, lo suyo estaba en otro caladero.

Todos los concurrentes imaginamos a la actriz paseando por los espacios de su nuevo feudo, que con las reformas adecuadas convirtió en su hogar. Justo en la parte superior de donde nos hallábamos.

El homenaje terminó. Para todos los presentes, ir al teatro con esta pandemia todavía nos supone encontramos con un espacio recóndito, silencioso y bello. Vimos algo diferente a la oferta cultural actual. No asistimos a una función como tal, sin embargo el acto no estaba al margen de la teatralidad porque cada ponente en el escenario, con cada palabra unida a su gesto manifiestan distintos sentimientos, produce en quién lo observa cierta sensación de teatro. Esta teatralidad acompaña al ponente al expresarse como al espectador a la hora de comprender lo que se dice.

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In memoriam.
Gerardo Vera (10 de marzo de 1947 — 20 de septiembre de 2020).