Entrevías, sororidad con Irene
IRENE se deja limpiar la sangre. Con su asesinato dan por acabada la 3ª temporada de la serie ENTREVÍAS. La actriz está sentada y mastica una manzana. La primera comida en todo el día. Se exige un vientre plano. Está deseando llegar a casa para comerse un buen potaje ¡qué frío le han hecho pasar con las crop tops y el pantaloncito corto!
Exigencias del guión. Y aquí es donde entro yo.
Entre mordisco y mordisco lee el blog, dándome toda la razón a lo que escribí cuando conocí la serie. Su personaje ha sido el peor parado: «Irene es muy vulnerable, de poder tenerlo todo, se queda con nada. La han metido en un saco como a una lagartija. Que se retorcerá pero nada ni nadie la salvará».
Como espectadora extraigo un discurso sobre lo que está pasando en su vida en la última temporada.
A diferencia de las anteriores, en esta tercera le han quitado mucho peso de actuación. O mejor dicho, se lo han puesto. Lo digo porque lo más destacable es que la han convertido en mamá.
No tiene ni 20 años. Con su edad podía tener un amplio abanico de posibilidades pero se queda con un corto recorrido. Recluida en casa del abuelo, los días pasan con una monotonía asfixiante, mano sobre mano. Si tenía pocas puertas abiertas, con su maternidad le cierran todas. No se intuye ninguna emancipación. No hace nada fuera del hogar. Ni se forma como bailarina, ni trabaja en la ferretería, ni en la asociación de su abuela. Sola con un bebé. Recibiendo en casa a todos los personajes con vidas movidas, llenos de proyectos, y ella los escucha con muy poquito que decir. Inferiorizada y embrutecida.
Hay una escena, de las peores, donde ella quiere contarle a su pareja, Nelson, que desea retomar la danza. Nada. No se decide. Nos muestran, de manera cenital, una mujer tumbada en la cama conyugal, girada hacia la cuna del bebé; derrumbada y hastiada de todo porque no se ha atrevido a decir que quiere bailar, hacer algo con su vida más allá de la maternidad. Son 20 años.
Quedan solo los sueños.
En varias ocasiones nos han mostrado sus aptitudes para la danza. A Irene solo la tratan bien cuando baila y se maquilla. En esas escenas, que buscan embelesarnos, tiene toda la atención porque para eso Irene es la GUAPA de la serie, y los planos y contraplanos son para lucimiento de su figura. La abuela le consigue una prueba en una compañía. Es admitida. Y me alegro por ella pero siempre tiene que estar alguien que la controla, la empuja a tomar decisiones. En esta ocasión ha sido un acierto. Pero ella tiene dudas de lo que va a pasar con el bebé. Se ve malamadre. Se olvidan de que hay un padre que también puede ser el cuidador. Los guionistas han planteado una maternidad tradicional donde el peso del cuidado del niño se lo dejan a la madre. La abuela dice que no hay porque preocuparse, que entre todas le cuidan (vuelvo a que el cuidado sigue recayendo sobre los hombros de las mujeres).