La guerra civil fue un conflicto bélico que asoló nuestro país a todos los niveles y que, más tarde, desembocaría en una fuerte crisis económica. Se desencadenó tras el fracaso, en parte, del golpe de Estado de 1936, por parte de las fuerzas armadas contra el Gobierno electo de la Segunda República. En ésta, tuvieron colaboraciones la Alemania nazi y la Italia más fascista, llevando la situación a circunstancias límite, sobre todo para todos los habitantes de la península. La guerra, aun así, no explotó por completo hasta que se trasladaron tropas rebeldes a territorio marroquí. No fue hasta el primero de abril de 1939, la llegada del fin del conflicto bélico, con el último parte de guerra firmado por Francisco Franco, quien declaró su victoria y estableció una dictadura que duraría hasta su muerte, en noviembre de 1975. Grandes penurias, miserias y tragedias acompañaron esa época que, por suerte, quedó atrás. Hermanos enfrentados, familias divididas y España hundida en la pobreza. Esas son algunas de las memorias que nos quedan acerca de lo ocurrido. Pero, ¿cuántas historias anónimas quedaron sin ser escuchadas? Una vida, eso nos reúne hoy. Una joven que afrontó este periodo como pudo y la vida le permitió.

El tiempo entre costuras es un musical impactante basado en la novela española de la escritora María Dueñas. Una segunda temporada de éxitos que llega pisando fuerte a la capital y con intención de hacer mucho ruido. 150 minutos, con descanso incluido, de la historia de una joven que, por desventura, vivió en ese espacio temporal tan atroz sobreviviendo como le fue posible.
Ella, Sira Quiroga, encarnada por la prodigiosa voz y desmesurado talento de Alba Cuartero, tiene una vida de lo más común en el taller de costura junto a su madre, Dolores, interpretada deliciosamente y emocionando a todos los asistentes por Noemí Mazoy y acompañadas por Doña Manuela, a quien da vida la actriz Aurora Frías. Todo parecía continuar su curso. A punto de desposarse con su novio Ignacio, llevado a la ficción por Pedro Estrada¸ la protagonista cae rendida ante los pies del joven de la tienda de máquinas de escribir: Ramiro, hecho real gracias al trabajo de Rodrigo Blanco.